No, amiguetes, no resurjo del lugar oscuro y húmedo donde viven los blogs agonizantes para hablar de esta presunta —aún no la he visto— obra de arte de los hermanos Coen. Más bien de la profunda sensación de desconsuelo que me ha producido mi reciente visita al Salón del Comic de Granada.
A grandes rasgos todo ha ido genial. El IAJ nos pagó los gastos de desplazamiento, alojamiento y comida pues íbamos invitados a la inauguración donde se exponía nuestra obra finalista en el Concurso de Creación joven. Y el trato de esta institución fue estupenda. Además, tuve la gran suerte de ir con Sergio, dibujante de mis últimos guiones y un tío con el que da gusto viajar.
La inauguración fue bien —pese al momento "campaña política", que duró sorprendemente poco—, la comida posterior nos permitió charlar con el director del Salón, Alejandro Casasola, que se reveló como un tipo muy simpático y nos dió algunos consejos a la hora de enfrentarnos a los editores. Y los del IAJ habían organizado una visita de los mismos a la exposición que nos hubiese permitido una emboscada a la caza de contrato si los horarios de autobuses no nos hubisen jugado una mala pasada (gracias Sergio). Además, conocimos a los otros finalistas y ganadores, gente maja y alguno realmente un "crack" con nivel absolutamente profesional.
Hasta aquí, todo bien.
En cuanto al Salón en sí, lo mismo de siempre pero más. "Niñosnarutos" (la expresión se la pido prestada a Javi Sánchez) por doquier, el manga-ganado devorándolo todo y un montón de chavalines disfrazados de cosas que ni siquiero adivino a que universo pertenecen. Primera confirmación de que éste no es país para viejos.
Pero sobre todo, lo que me ha producida una profunda desazón ha sido descubrir que gente que está en mi altar imaginario en la estantería más alta hoy por hoy no puede trabajar porque no encuetra editorial.
Gente como Juan Giménez, uno de los dibujantes de cómics que desde la genial Zona 84 me enseñó la grandiosidad, sensualidad y complicación técnica que deparaba el espacio con sus diseños futuristas y conocimiento de la anatomia humana —en especial la femenina, recordemos que yo era un adolescente hormonalmente descontrolado.
O como Abulí, para mí el mejor guionista español de todos los tiempos. Con las dosis justas de humor negro y lirismo descarnado para convertir cada pequeña historia en una joya. Su Torpedo 1936 es algo que deberían estudiar todos los guinistas actuales. Un ejercicio de violencia, serie negra y mala leche que perfilaba un personaje carismático como él sólo.
Pocos como ellos han dado tanto al cómic. Pocos han trabajado tanto y tan bien. Y, sin embargo, hoy día publicarles es un riesgo que las editoras no pueden permitirse. Si en lugar de dedicarse al cómic, hubiesen sido cineastas seguramente se estudiarían en las escuelas de cinematografía, las productoras se verían honradas de invertir en ellos y el público acudiría en masa a cada nuevo estreno.
Hoy, sin embargo, publicar algo para un joven valor es una utopía al alcance de muy pocos. Y cuando lo consiguen, las condiciones leoninas de las editoriales hace que pensar en vivir del cómic sea poco menos que una lisión.
Y si eres mayor, aunque tu trabajo haya sido uno de los pilares sobre los que se sustenta la desagradecida industria, eres una sospechosa inversión. Es triste, pero el cómic no es país para viejos. Aunque sean los mejores.
No es país para viejos
Categoría: arte, comics, historiaPublicado por Docmorti en 10:43
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1 comentarios:
Si es que...en fin.
Por cierto, mola que os invitaran y que os trataran como os merecéis en Granada.
Me siento muy orgulloso de vosotros dos ustedes.
Un abrazo.
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